No tienes escapatoria: para seguir adelante con tu historia necesitas hacerlo, aunque te cueste. Sabes que, de lo contrario, te perderás adentro de tu propio material. Pero no te decides a comenzar todavía, ni sabes bien por dónde hacerlo. Al fin y al cabo… Se trata de una de las actividades más horribles, más agotadoras, más consumidoras de tiempo que se puedan emprender: la realización de una línea de tiempo. ¡Es algo terrible, pecaminoso casi, de lo que los guionistas inteligentes suelen huir! Más de un escritor se ha quedado a la deriva, suspendiendo el avance de una larga historia durante años, por detenerse a confeccionar, realizar, corregir y luego perfeccionar una línea de tiempo. El panorama es más grave, de hecho: no sólo escritores han sido llevados por el canto de sirena de las líneas de tiempo. Legiones de lectores, de expertos, de críticos, de fans, en última medida, han sido llevados también, dedicando semanas o incluso meses a anotar todo lo sucedido a tal o cual personaje, una actividad que sólo parece servir para dejar en claro inconsistencias. Luego de este enorme desperdicio de horas-hombre han encarado la explotación forestal también, derrochando hojas y tinta en cartas a editores para que expliquen dichas inconsistencias. (El pobre editor no puede responder que Jack McWriter quedó con demasiada resaca tras la fiesta de Navidad de 1964, y por eso entre los números 155 y 157 del Capitán Superhéroe hubo una historia one-shot escrita por un invitado bajo seudónimo -su identidad no es secreta, y 50 años después a este editor le encantaría comentarnos quién fue, pero ya lo olvidó- que se centra en un villano menor pero ignora los últimos sucesos de la continuidad establecidos por el arco de los números 135-139 de “Mr. Galaxy y sus Singulares Primos” dos años antes). Evita las líneas de tiempo. O mejor aún: sigue leyendo y entérate cómo realizarlas de forma efectiva.
(Por Joseph Jacobs, mi alter ego que escribe en castellano neutro para una web de enseñanza de historieta. Estoy trayendo sus mejores textos a mi blog).
UNA PROHIBICION QUE LO CAMBIA TODO

Foto de Adrian Hernandez en Unsplash
Como una dieta, hay algo a lo que le debes decir que no y, si mantienes tu disciplina, resultará en grandes cambios. Nada volvera a ser lo mismo con tus líneas de tiempo. Y este algo es: realiza tu línea de tiempo cuando ya hayas comenzado a escribir tus historias, no antes. Luego, limítate (y esta es la parte difícil, pero hazme caso, limítate) a solo consignar en la línea de tiempo aquellos eventos que se desprendan naturalmente, directamente, de la historia. No te vayas por las ramas, no te dejes llevar por tus ganas de crear más y más. Aborda tu línea de tiempo como un ladrón abordaría un banco en un atraco. Allí estás, tú, escribiendo tu historia lo más campante, cuando de pronto introduces un personaje, un suceso, un comentario quizá, que reconoces como algo que te convendría sumar a tu línea de tiempo. Rápidamente, determinado a invertir en esto el menor tiempo posible, dejas de lado lo que vienes escribiendo (le prometes al texto que pronto regresarás, que no te extrañe). Tomas tu línea de tiempo, buscas el lugar correspondiente (agregas un año, de ser necesario) e introduces una nueva entrada. Breve: quince palabras o menos. Luego, ¡listo!, la cierras, no hay un luego. Ya estás de vuelta en tu texto, y escribiendo otra vez.
PERSONAS, SUCESOS Y LUGARES

Lo que debes hacer es imaginar que lees tu propia historia. Solo anota datos que obtengas de ella, como si fueras un reportero. Comienza por algo fácil: las edades de los personajes. Cada vez que un personaje aparezca, accede a tu línea de tiempo y agrega una pequeña entrada en el año de su nacimiento, diciendo que ahí fue cuando nació. Es muy simple, no te detengas a inventar nada de más. Si no hay nada que diga donde nació el personaje, no lo agregues a la entrada, por mas que tu sepas dónde el personaje nació. (Todo dato sobre los personajes que tú ya sepas, pero que todavía no haya aparecido en la historia, tiene otro lugar para ser consignado: las fichas de personaje. Pero eso es material para otro artículo). Cuando alguno de los personajes haga algo que tú consideres importante, o cuando comenten o recuerden algún suceso del pasado, aunque sea menor, agrégalos a tu línea de tiempo. Puedes agregar sucesos del futuro también: si para ti es importante algo relacionado con el porvenir de los personajes o con su destino, si hay algo que la historia todavía no mostró pero se hizo alusión a ello. (El caso emblemático para este tipo de anotaciones son las historias con algún tipo de voz narradora. La persona que está contando la historia, ¿desde dónde escribe? O, mejor dicho, ¿desde cuándo lo hace? ¿En que situación se encuentra? ¿Le está contando la historia a alguien? Todo eso lo puedes consignar en tu línea de tiempo, siempre y cuando lo hagas brevemente. Recuerda: más de quince palabras ya es demasiado). Sigue así, y mantiene en paralelo estas dos disciplinas: la de no anotar más que lo que aparece en la misma historia, y la de no saltearte alguna anotación que deberías hacer, porque hay un hecho que es mencionado o referenciado. Si haces esto bien, lo mantienes el tiempo suficiente y prestas atención, pronto desbloquearás un nivel de productividad mayor. Porque tarde o temprano, descubrirás que agregas más de una entrada en el mismo año.
EL PODER DE LA COINCIDENCIA

La línea de tiempo es mucho más que una forma de mantener tu material bajo control. Es, como toda herramienta de escritura (y de hecho, espero, como toda herramienta de lo que sea, en tu vida), un trampolín del que puedes sacar nuevas ideas para escribir. Un juguete, una excusa. Cuando veas todo ese material deplegado enfrente tuyo, cuando comprendas lo que estuviste haciendo, te aparecerán nuevas ideas acerca de lo que deseas hacer. Y el primer momento es, casi siempre, uno muy simple: te acercas a la línea de tiempo a dejar una entrada y, oh sorpresa, resulta que ya habías anotado algo para aquel año. Y es entonces cuando te preguntas: ¿puedo aprovechar una casualidad? ¿Es esto una casualidad, realmente? ¿Qué quiere decir que el arqueólogo espacial haya visitado Marte el mismo año que se terminó de minar todo el hielo de los anillos de Saturno? Uno de los dos eventos lo estás consignando porque es la subtrama de tu nuevo capítulo, donde el héroe revela a su enamorada lo sucedido trece años atrás, la razón por la que no regresó a verla. El otro lo habías anotado sin pensarlo mucho cuando recién estabas comenzando a escribir la historia, y uno de los personajes dijo, casi al pasar, que el capitán de la nave tenía tanto carisma como agua en los anillos de Saturno. Tomaste entonces una pequeña nota de worldbuilding, “hace unos diez años que solo hay rocas en los anillos de Saturno”, y luego te dijiste, “¿Debería tomarme la molestia de anotarlo en la línea de tiempo? Tanto trabajo por algo tan pequeño…” Por suerte lo hiciste y ahora te hallas aquí: puedes elegir poner las acciones del protagonista en el marco de lo que seguramente fue una tremenda crisis económica…
Lo dicho es tan solo el principio de la magia de realizar líneas de tiempo. Pero, como cualquier encantamiento, solo funciona si lo realizas bien. ¡Adelante y buena suerte! Que no te lleven los cantos de sirena.