De yira con las Rochas, III: Spider-Rochas

Hace un tiempo, en Rorschach: Grupo de lectura de historietas nos visitaron Agustina y Camila y nos propusieron un ejercicio:

  • Tomar como punto de partida a la novela gráfica Spider-Man: Blue, que acabábamos de leer en el grupo.
  • Inventar una historia nueva que pudiera estar entre las varias historias de Spider-Man que cuenta el libro.
  • Realizar un storyboard para esa historia, como si se fuera a realizar una versión animada.
  • Que fuera el equivalente a un video de un minuto.

Nos dividimos en dos grupos. El mío inventó una historia donde Doctor Octopus captura a Gwen Stacy para transformarla en un monstruo como él. Se revela que es su hija, justo antes de que Spider-Man la salve. Octopus parece morir en la pelea, y Gwen se enoja con Spider-Man por haber matado a su padre. Más tarde, Gwen le cuenta el episodio a su novio Peter Parker y éste le confiesa que él es el Hombre Araña.

Pero para inventar esta historia no nos sentamos a escribir. Propuse que la improvisáramos grabando un video en Instagram, que automáticamente controla que la duración no exceda un minuto. El resultado:

Nos divertimos mucho, y para mí es mágico cómo los materiales determinaron la historia. Por ejemplo, no esperábamos que el celular que representaba a Doctor Octopus se apagara de pronto. Pero cuando ocurrió decidimos que el personaje muriera, y de ahí surgió el cierre de la historia. (Mi “marioneta” favorita: como Spider-Man es una mano adentro de una tela roja, Peter Parker es una mano descubierta con anteojos.)

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La “Depresión egocéntrica” en Orange, de Benjamin (Zhang Lin)

“Hay una voz / dentro de mí / que me recuerda que te mentí. / Suena peor / en la canción, / no es para tanto. / (Pero igual, sí.)

Miranda!, “Navidad”

“Orange” es una historieta china que tuvo gran éxito en Francia. En Buenos Aires se consigue en mesa de saldos a muy poca plata (más barato que un café). El autor, Zhang Lin, conocido como Benjamin, encuentra belleza en la soledad, la depresión, el suicidio…

…Muuucha belleza en un poquiiito de soledad, depresión y suicidio. Tanta que resulta sospechoso. Es difícil saber si es sincero o si se está haciendo el depresivo para resultar más “artístico”. ¿Acá hay tristeza de verdad, o es sólo una pose?

1. BELLEZA

Benjamin dibuja como los dioses. Si buscan cualquier nota en Internet van a encontrar este dato en primer lugar. Vean sus dibujos: pinceladas expresivas sobre figuras realistas y exactas, mediante trabajo digital. En el caso de “Orange” Benjamin se ocupa de que cada viñeta sea lo más bella posible. Es casi grasa; la belleza, como todo atributo de la narración, se beneficia con el contraste. Cuando una viñeta se ve más fea la de al lado se luce más. En esta historieta donde pasan tantas cosas feas, me quedo pensando si la pincelada de Benjamin no estará hablando de una belleza que rodea a los personajes sin que la puedan tocar.

2. DEPRESIÓN, SOLEDAD Y SUICIDIO

(Salteen este apartado si no quieren enterarse del final.) Resumen argumental: A Orange, una adolescente de algún conurbano chino, sus amigas le parecen superficiales, los chicos con los que sale maleducados, la ciudad fea. Siente que cuanto más tiempo pase más difícil le será no ensuciarse con lo que la rodea, pero no elabora un plan de escape. Lo más cercano que tiene es su costumbre de subir de vez en cuando a la terraza de su edificio a pensar en suicidarse.

Un día conoce a Deshu, un pintor alcohólico con una visión del mundo bastante parecida, pero que no parece preocuparse por nada. Le envía una carta contándole cómo vive y piensa. Deshu también encuentra en ella a alguien que vale, y decide despojarla de sus tendencias suicidas de un modo bastante drástico: suicidándose él, delante de ella. Se tira de la terraza al pavimento. Y funciona.

3. POSE

La verdad, “Orange” utiliza a la depresión para que uno diga “Oh, qué historieta profunda.” En el grupo de lectura estamos de acuerdo. Pero no quiero que, distraídos por cómo se toma lo que dice demasiado en serio, pensemos que no tiene nada que decir. Sería una pena, porque es una historieta que entiende algunos mecanismos de la depresión. Y los mecanismos de alguna salida posible.

No cualquier depresión: “Depresión egocéntrica”, lo llamaría. Es cuando a uno no le alcanza con estar mal, necesita de otro que se entere de lo mal que está uno. Se es presa de un mundo de contradicciones: Como egocéntrico, se piensa en uno mismo pero se necesita constantemente del otro, como una obra de teatro que deja de existir si no hay espectador. Como depresivo, la búsqueda de la compasión del otro puede alejarlo, si se percibe la intención.

La depresión egocéntrica viene aparejada de una gran necesidad. Es una necesidad enfermiza como la del adicto a su adicción. Se alimenta de la atención del otro como de un combustible, crece y pide más, es una necesidad histérica, imposible de satisfacer.

La salida de la “Depresión egocéntrica” pasa por otro lado y la historieta “Orange” lo entiende. No es la atención del otro, es la atención AL otro lo que nos puede sacar del pozo. Interesarse por alguien es lo que les da a los protagonistas esa conexión que tanto ansiaban con el mundo real.

(¿No lo mencioné todavía? La preocupación por lo real/falso de la trama, que nos aparecía como lectores, está contagiada en las páginas mismas. Deshu y Orange quieren escapar de las risas superficiales y no encuentran quién les crea su tristeza. El suicidio aparece como un escape de la vida cotidiana a un mundo sin mentiras, tan definitivo como el pavimento.)

En conclusión: Hay pose de tristeza y hay tristeza también. Porque hay veces que sos egocéntrico, pero igual estás pasando un mal momento. Con suerte encontrás alguien por quien valga la pena tirarse de una terraza.

(Escrito a raíz de las discusiones en el club de lectura de historietas “Rorschach”. ¡Gracias chicos!)

Dos tangos en la balanza: el juego de las siete diferencias entre las dos ediciones de Clarín

I

Hace unos años, el diario Clarín sacó una Biblioteca Clarín de la historieta, que permitió conseguir a precio económico episodios fundamentales de obras tan diferentes como Patoruzú o X-Men. El lado malo es que las publicó en unos libritos con un tamaño de página que no es proporcional al original de casi ninguna, y en los círculos de historieta la Biblioteca se hizo tristemente famosa por sus recompaginaciones grotescas, desfiles de cuadros reducidos y sobredimensionados.

Hace unos meses, Clarín sacó una mucho más hermosa Biblioteca Corto Maltés (no sé si se llamaba así, pero supongamos), con aventuras del marinero inéditas en castellano, a color, elegantes, en las que nada discordaba y todo estaba en su lugar.  Era triste volver a leer La balada del mar salado y darse cuenta de que cabía perfectamente sin necesidad de redimensionar nada: la segunda Biblioteca repetía el tamaño de la anterior, pero todo funcionaba. No medí los centímetros reales del formato (mil disculpas), pero en cuanto a la proporción interna, en el caso de Tango, una de las pocas historietas que en la primera Biblioteca entraban en página, es de una grilla de hasta seis cuadros iguales distribuidos en tres tiras de dos.

6 cuadros no es lo más común para páginas verticales. Para horizontales, en cambio, es clasiquísimo: los libros de Mafalda, por ejemplo.

Así que en teoría, Tango debería aparecer exactamente igual en la Biblioteca de la historieta y en la Biblioteca Corto Maltés. En la práctica, estas son las páginas finales de cada una:

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