Olvida tus historias (para poder corregirlas)

¿Alguna vez has oído decir que el proceso de creación es diferente del proceso de corrección? Es fácil olvidarlo, sobre todo si imaginas que todo creador de cómics simplemente se sienta en su computadora y tipea las descripciones de las viñetas que dibujará al día siguiente. No, señor. Al momento de escribir la tercera de tus palabras ya estás dudando acerca de si la primera es la adecuada. Tú crees que sabes lo que diré a continuación: debes tener mayor autoestima, sigue escribiendo con confianza, deja volar a tu espíritu creativo. Pues no. De hecho quizá tienes razón, esa primera palabra es horrible y deberás cambiarla. ¡Pero el momento no es ahora!

(Por Joseph Jacobs, mi alter ego que escribe en castellano neutro para una web de enseñanza de historieta. Estoy trayendo sus mejores textos a mi blog).

CONVIÉRTETE EN LA PERSONA CAPAZ DE JUZGARTE

Foto de Peter Pryharski en Unsplash

Es fácil decirte que lo que acabas de escribir puede mejorar, pero ¿a quién le preguntarás cuáles son las partes que deberías modificar para lograrlo? ¿Te pondrás a decidirlo por ti mismo? Pero, si tú sabías cómo hacerlo mejor, ¿por qué no lo escribiste así desde un primer momento? Amigo, en este momento tú eres la peor persona para juzgarte a ti mismo. ¿Es que te quieres pasar la tarde enredado con la misma frase, volviéndola a escribir una y otra vez? ¿Cada una peor que la anterior? ¡Quizá nunca llegues a conformarte! No, el secreto es aceptar que no estás escribiendo tan bien como te gustaría, y seguir escribiendo. ¡Aún falta tiempo para que dibujes! Lo importante ahora es que todas las escenas que tenías pensadas lleguen a la pantalla de tu computadora. No te preocupes por la calidad, la primera escritura es un trabajo de cantidad. Recuerda, eso sí, separar adecuadamente las páginas y las viñetas en tu guión técnico. Cuando hayas terminado de volcar lo que ya hubieras decidido para tu historia, cuando llegue el momento de pensar nuevas escenas o diálogos, ¡deja de escribir! Y continúa cuando vuelvas a tener ideas, o hayas tomado tu decisión sobre lo que fuera que te mantiene en la incertidumbre. El truco es este: no deberías ponerte a corregir ninguna parte de tu guión hasta que no hayas escrito por primera vez todas las partes. Muchas veces, ¡encontrar qué quieres poner en la página diez te revelará cómo mejorar lo que habías escrito para la página tres!

PRIMERO, ESCRÍBELO TODO

Es tan importante como escribir el dejar un texto reposar. Antes de ser considerado terminado, todo guión de historieta debería estar guardado al menos algunas semanas, sin que nadie lo lea. Ni siquiera (especialmente) tú mismo. Lo mejor que puedes hacer, durante ese tiempo, es trabajar en otro guión. O mejor todavía, ponte a dibujar alguno de los guiones que en otro momento hayas terminado. Si sigues este consejo y ya lo has hecho otras veces, es muy posible que al terminar tu primer guión ya tengas otro, más antiguo, guardado, esperando tu lectura. Quizá incluso ya lo corregiste, y lo considerabas listo para ser dibujado. Da igual: el dibujo de la historieta es la última corrección a su guión. Lo importante es que, cuanto más tiempo haya pasado entre que lo leíste por última vez, más posible es que te hayas olvidado de lo que habías escrito. Y olvidar un texto es la clave para poder corregirlo verdaderamente.

EL PODER DEL OLVIDO

Mucho se ha dicho acerca de recordar, pero es un arte especial también, y difícil de cultivar, el de desprenderse de algo. Volviendo a leer un texto escrito por ti que (al menos en parte) habías olvidado, te sorprendería todas las soluciones que encontrarás, a veces a problemas que ni sabías que tenías. Es como cuando tomas un problema de la vida y decides consultarlo con la almohada, pero multiplicado por diez. Todas las nociones equivocadas que tenías sobre tu propio guión se esfuman, y puedes verlo con claridad por primera vez. Es casi como estar leyendo una historia escrita por otra persona. ¿Alguna vez te ha pasado estar leyendo un cómic y decir: creo que esto se podría haber realizado de otra mejor manera, a mí me gustaría haberlo hecho de tal o cual forma? Bien, pues esta es tu oportunidad. La historia es tuya y puedes transformarla en lo que tú quieras, ahora que la lees (y la reescribes) convertido en otra persona.

DELICIAS DE LA REESCRITURA

Foto de Ben Wicks en Unsplash

Puedes darte cuenta, finalmente, de qué partes no habían quedado realmente claras. Otras, por el contrario, te resultarán obvias. Encontrarás diálogos que expandir, personajes que recortar. ¿Qué tal si fusionaras a los personajes A y B en un mismo personaje? Cumplen, de todos modos, casi la misma función. Ah, ¿y por qué pusiste este objeto en la historia? Ahora recuerdas que al momento de escribirla, habías visto uno parecido hacía poco y te resultaba importante. Bueno, pues ahora ves claramente por qué, entiendes lo que significaba para ti y lo que puede ser para alguien que lea la historia por primera vez: decides entonces hacer que el objeto reaparezca a lo largo de la historia, que sea importante para alguno o varios de los personajes. Has encontrado un símbolo, porque entiendes lo que el objeto representaba. Y te comprendes más a ti al momento de escribir la historia.

La corrección no tiene por qué ser un proceso fastidioso, temible, censurador o dado al masoquismo, como muchas veces pensamos y tememos. Puede ser una etapa placentera de la escritura del guión de tu historieta, donde des lugar a tus caprichos, comprendas algunas de tus limitaciones y consigas dar forma a la historia para que se acerque más aún a aquello que soñabas. Un acto de amor, en suma, donde halles la paz en el respeto por aquello que intentabas hacer mientras escribías, y te propongas estar más cerca de lograrlo, para compartir con otros aquello que te ocurre o te preocupaba (o simplemente algo que para ti era muy cool, lo cual también es valioso). Atrévete a experimentarlo, no temas si se vuelve difícil por momentos (puede ser igual de difícil que escribir, a veces más). La clave para poder realizarlo exitosamente es que te conviertas, mediante el olvido, en otra persona.

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