¿Cómo puedes saber si la historia que estás preparando para tu próximo cómic es verdaderamente buena? A ti te gusta (y eso, amigo, ya es bastante positivo de por sí, déjame decírtelo), pero no tienes ni idea de cómo será recibida por otras personas, y temes invertir tiempo y esfuerzo (a veces hasta dinero) en algo que no sabes cómo resultará. ¡No quieres esperar a que sean los lectores, directamente, quienes te digan si está bueno lo que hiciste! Sabes que lo que más te gustaría hacer, en caso de recibir alguna crítica con la que estuvieras de acuerdo (porque si no estuvieras de acuerdo, entonces no; al fin y al cabo tú sabes que tus historietas no son para todo el mundo), sería volver a la historia y modificar alguna cosa por aquí, alguna por allá, darle una forma más adecuada a los deseos de aquellos hipotéticos lectores, que ahora son los tuyos (los deseos, no los lectores). ¡Pero para entonces, ya será demasiado tarde! No puedes corregir lo que ya ha sido publicado. ¿Cómo hacer?
(Por Joseph Jacobs, mi alter ego que escribe en castellano neutro para una web de enseñanza de historieta. Estoy trayendo sus mejores textos a mi blog).
Lo que te gustaría, piensas, es conseguir algún tipo de opinión en alguna instancia previa, cuando todavía no has terminado de realizar la historia pero ya hay suficiente material para opinar. En este punto es que te asalta este recuerdo: tienes amigos que también, como tú, quieren realizar historietas, y trabajan en sus propias historias. Sabes que estarían interesados en recibir tu opinión acerca de lo que hacen, pero nunca te has sentido cómodo para hacerlo, o con autoridad para opinar. ¿Qué pasa si les señalas algo que no te gustó y se enojan contigo? ¿Qué tal si te lo callas, luego lo descubren por sí solos (quizá, ¡Dios te libre!, al momento de ver la historia publicada), y te recriminan que no te hayas atrevido a señalarlo cuando te tocó opinar? ¿Qué tal si dices que algo te gusta, y luego resulta que era un elemento errado, que no estaba tan bien, que habías pasado algo importante por alto? ¿O si simplemente no sabes decir por qué te gusta lo que te gusta, ni por qué no te gusta lo que no te gusta, con lo cual toda tu ayuda, tan requerida, queda reducida a un simple pulgar arriba /pulgar abajo? Todos estos temores, justificables y entendibles, pueden disiparse si aprendes a tener en cuenta algunos sencillos preceptos clave. Estas son las pautas que deberás seguir si quieres ofrecer feedback del bueno, y tener derecho a pedirlo también, sin por ello malograr una amistad. No olvides que también puedes darle a leer este artículo a algún amigo, si te gustaría conocer su opinión sobre tu historia pero te quiere lo suficiente para temer ser cándido contigo.

1) Practica conocer por qué te gusta lo que te gusta, con otras historias.
(¡Toma nota de las historietas que lees! Asegúrate de encontrar las palabras para expresar lo que te gustó y lo que no, y por qué).
2) No llenes tu devolución de referencias: quizá no conocemos las mismas historias, ni los mismos autores, o los conocemos pero representan cosas distintas para ti y para mí.
(¡Asegúrate de que hablamos el mismo idioma! ¿Cómo sabes si para mí El Padrino es, como para ti, una metáfora de cómo el hermano más pequeño de una familia puede animarse a dar un paso adelante, hacerse cargo de los problemas de la misma y convertirse en hombre? Quizá para mí se trata de cómo un hombre adulto no termina de realizarse como persona independiente porque queda atrapado por las expectativas de su familia).
3) No llenes tu devolución de jerga: quizá yo no conozca el significado del término, o lo malinterprete. Quizá tiene otro significado y tú no lo sabes. ¡Quizá tú lo has entendido mal! O se trata de un término que nunca se terminó de definir.
(Por ejemplo, ¿alguien puede decir realmente qué constituye una «novela gráfica» y qué no?)
4) Intenta dejar la envidia de lado, pero úsala si te permite halagar el trabajo de otro.
(¡Quizá es simplemente que compartimos un interés en común! Y siempre es bueno tener alguien con quien hablar de nuestras pequeñas obsesiones privadas).

Foto de Igor Omilaev en Unsplash
5) Sé honesto, siempre, pero elige cuidadosamente tus palabras.
(Si me mientes, nos estás realizando un daño a ti y a mí. ¡Pero no temas dejarme saber que te está costando encontrar las palabras adecuadas! Quizá te pueda ayudar con ellas, o decirte lo que yo mismo pienso de mi historia).
6) No temas hacer preguntas.
(No busco solo respuestas, no me interesan solo las opiniones. Hay tres áreas de la tarea de la escritura sobre las que puedes preguntarme: los secretos de la historia -si entendiste bien el final, si hay detalles que me guardé para más adelante, si tienes razón al suponer que la tía es la verdadera madre de la protagonista-, los temas que me interesaron tocar con ella -por qué estoy tan interesado en el amor, o en la botánica, y también qué opiniones me interesaba compartir al respecto-, y las razones por las que elegí hacer suceder los eventos que en ella ocurren -es decir, preguntar por qué escribí esa historia y no otra-).
7) Indaga, luego de haber opinado, sobre las intenciones de quien escribe.
(Es fantástico que me digas que la secuencia onírica de mi historia te hizo desternillar de la risa. Que pocas veces habías visto un humor tan atinado al tiempo que vivimos y tan adecuado a las viñetas de la página en que transcurre. Pero luego de hacerlo, pregúntame si esto es lo que yo buscaba lograr con la escena. ¡Quizá para mí era una gran secuencia de terror!)
8) No me digas cómo lo habrías escrito tú.
(No deja de ser mi historia, al fin y al cabo, ¿y cómo puedes saber tú lo que quiero escribir yo, si a veces ni yo mismo lo sé? Si tan inspirado te sientes por la historia que estoy escribiendo, me halagas, y puedes ir tú mismo a escribir la tuya propia. ¡Ya verás que no es tan fácil, cuando te encuentres con los mismos problemas que yo me encontré! No te acusaré de plagio: no me molesta tener fanfiction).

Foto de Manny Moreno en Unsplash
Opinar sobre las historias de otros, y ayudarlos a escribirlas, es casi un arte en sí mismo. Hoy has dado los primeros pasos en aprender a dominarlo. Y recuerda, ¡nunca temas! Muestra lo que estás escribiendo, atrévete a ver lo que están realizando otros. Puedes llevar estas ideas más allá, e intercambiar historias con un amigo, que cada uno dibuje la historia del otro. ¡Diviértete!