¿Sabes cuál es tu problema? Que dudas demasiado acerca de todo lo que haces. Si estuvieras tratando con otra persona, y no contigo mismo, seguro aceptarías con mayor facilidad unas cuantas de las ideas que se te ocurren, y descubrirías que no están tan mal. ¿Qué tal, entonces, si hicieras lo mismo contigo mismo? ¿Si pudieras ofrecerte el mismo respeto que habitualmente te reservas para los otros? Sigue leyendo y entérate de cómo esta es la clave para que las historias de tus cómics se vuelvan mucho mejores, y además las puedas realizar más rápido.
(Por Joseph Jacobs, mi alter ego que escribe en castellano neutro para una web de enseñanza de historieta. Estoy trayendo sus mejores textos a mi blog).
AGREGA EN VEZ DE CORREGIR: VENTAJAS DE INVENTAR A PARTIR DE LO YA CREADO

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Si ya has comenzado a escribir tu historia, confía en el material que ya llevas depositado en la hoja. Es muy posible que, en el fragor de la batalla por la creatividad, hayas perdido de vista qué fue lo que te hizo introducir tal o cual elemento. ¿Qué viste en la mujer guerrera, que secretamente posee un tatuaje que le permite a ella y a quien esté a menos de un metro de ella respirar bajo el agua? Quizá ahora no lo recuerdes, o quizá nunca lo supiste, pero creéme: por algo la pusiste allí. Respétala, no es el momento ahora, que estás escribiendo una página que tiene lugar cuatro escenas después, de cambiar su poder por el de soportar mejor que otros los ardientes rayos de sol del desierto, y atesorar su energía para hacer crecer las plantas. No. Toma lo que ya tienes y ocúpate de inventar hacia adelante, como si otra persona te hubiera traído una historia a medio escribir para que tú seas el que la termine. La primera corrección debe venir, siempre, tras haber escrito la última de las palabras de la primera versión de tu guión de historieta. ¡Para algo existen los borradores! Complétalos primero, corrígelos después.
CORRIGE UN TIEMPO DESPUÉS, NUNCA ENSEGUIDA

Foto de Ales Nesetril en Unsplash
Es necesario que puedas observar a tu creación con nuevos ojos. Para esto, todos los grandes escritores tienen un cajón. A veces es real, a veces metafórico. Pero siempre debes tener un lugar donde puedas alojar cómodamente una historia que ya tienes escrita, a la espera de que puedas, al menos en parte, olvidarla. Sólo entonces, ayudado por el paso del tiempo, podrás abrir el cajón, tomar esa versión de la historia, y releerla desde el principio, tomando notas de vez en cuando. No busques modificar nada importante: en este momento es como si opinaras sobre el trabajo de otro. Más adelante te tocará, eso sí, una vez que hayas terminado, tomar en cuenta estas observaciones y modificar el material en consecuencia. Para más tarde volver a dejar la historia en el cajón, y repetir: así, hasta que esté terminada. Fíjate cómo a lo largo de este proceso tú eres tres o cuatro personas: la que escribe una versión de la historia y la guarda en el cajón, la que vive su vida despreocupadamente y espera, la que saca una historia del cajón y opina sobre ella, la que (al menos un día después, y si puedes más) recibe este borrador con las correcciones, y se dispone a escribir nuevamente. Es como probar una espada y volverla a forjar. No llevas el yunque y el martillo al campo de entrenamiento, simplemente azotas los muñecos de paja y observas cómo se lleva la espada con ellos. Cómo se siente en tu puño. Pues esto es igual: conviértete en otra persona al momento de corregirte, y luego en otra más al momento de reescribir.
OPINA SOBRE LAS HISTORIAS QUE YA TIENES TERMINADAS (POSITIVAMENTE)

Foto de Conner Baker en Unsplash
Lo más común es que, cuando un autor de historietas revisa una obra ya publicada (si es que lo hace: muchos se rehúsan a tocarla, o quieren pasar el tiempo realizando nuevas historietas, o con su familia, no reincidir en un trabajo terminado; y la verdad no los culpo) todo el tiempo se le ocurren las cosas que podría hacer si todavía la estuviera escribiendo. Eso es como cruzarte con una ex novia por la calle y pensar «Si todavía estuviéramos de novios, podría invitarla al cine este fin de semana». Lógico, pero inútil. No, lo que debes hacer es intentar con todas tus fuerzas, lo mejor que puedas, ponerte en la piel de un lector que la lee… no digo por primera vez, porque sería quizás imposible llegar a tanto, pero sí alguien que la vuelve a leer después de mucho tiempo. Olvídate un poco de que sabes lo que ocurrirá a continuación, intenta no pensar que eres quien tiene el poder de modificar la historia, de decidir lo que va a ocurrir. ¡Porque, en última instancia, no lo tienes! La historieta ya está terminada, ya la dibujaste, varias personas la leyeron (espero, y si no, envíamela, prometo leerla y opinar al respecto). Eso de que tú podrías modificar algo de lo que ocurre en ella es una ilusión, procura ignorar esas voces. Olvídate de que tú fuiste tú. Sólo piensa en que tú eres tú, ahora, o si puedes imagina que eres otra persona, y lee la historieta que tienes entre tus manos. Que fue hecha por otra persona con tu mismo nombre, algo más joven. Piensa: ¿qué te están diciendo acerca de este personaje principal? ¿Qué hay de los secundarios? ¿Existe un villano? ¿Cómo está contada la historia: en qué momentos se pasa de una escena a la siguiente, cuántas viñetas se dedica a cada suceso? ¿Estás de acuerdo con el mensaje de la historia? Quizá te resulte un poco ingenuo. O al revés: quizá te recuerde valores que hace un tiempo dejaste de lado y te vendría bien recuperar. Todo esto y mucho más se puede desplegar frente a ti cuando lees una historia propia con los ojos de otra persona.
No temas recibir algún tipo de daño en tu psique, al contrario. Tú sigues siendo siempre tú, solo estás jugando. Pero, ¿no somos todos, de algún modo, múltiples personas? ¿No hay un poco de ti en cada uno de tus personajes? Jugar a ser otro por un rato quizá sea lo que te libere del peso, tan restrictivo, de tener que actuar siempre como actuarías tú. ¡Atrévete a esta libertad y te sorprenderá lo mucho que te encuentras contigo mismo!