Secretos de un personaje secundario

Bienvenido a mi morada, ponte cómodo. ¿No eres un protagonista, verdad? Me parecía: porque no te conozco. Yo soy un personaje secundario, verás, y por regla suelo conocer al protagonista… A ver, me dicen ahora que eres un creador de historietas, y que estás pensando en la historia de la próxima que vas a crear. Eres, entonces, ¿un escritor? Guionista, de acuerdo, esa es la palabra. Quieres saber qué detalles podrías tener en cuenta a la hora de crear grandes personajes secundarios. Bueno, no puedo hablar por todos nosotros, ¿sabes?, porque venimos de todas formas y colores… ¡Pero lo intentaré! Creo que hay dos o tres cosas que te pueden servir, a modo general, para evitarte algunos de los problemas más comunes que te puedes encontrar con nosotros. Y quizás hasta me atreva a entrar en el terreno de lo específico, para ayudarte a aprovechar verdaderas potencialidades que tenemos y a veces son pasadas por alto. ¡Un gran personaje secundario puede llevarte muy lejos! El tiempo es tirano, de todos modos, y no sé cuánto me pueda expandir en mis explicaciones… Pero en todo caso, ¡nos podemos volver a encontrar otra vez! Si estás listo, comencemos. Siéntate y escucha.

(Por Joseph Jacobs, mi alter ego que escribe en castellano neutro para una web de enseñanza de historieta. Estoy trayendo sus mejores textos a mi blog).

EL PERSONAJE SECUNDARIO QUE CONTRASTA CON EL PRINCIPAL

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Es importante que demuestres al lector que no estás falto de imaginación, que no se te ocurre un solo tipo de persona. También puede pasar que hayas descubierto que no es tan interesante que tu protagonista vaya de aquí para allá hablando consigo mismo, y te gustaría que conversara con alguien; por lo tanto, quieres agregar una persona más a la historia, para que converse con ella, pero te parecería aburrido que ese personaje se pareciera al principal… Para solucionar este y muchos otros desafíos es que puedes echar mano del personaje secundario contrastante. Si tu protagonista es inteligente, él será estúpido: fuerte si el protagonista es débil, joven si el protagonista es viejo. (Sólo ten cuidado en no pasarte de listo, y hacerlos tan diferentes que todos se pregunten qué tendrían en común estas dos personas entre sí para relacionarse. Aunque, así y todo, sólo 30 años después de Volver Al Futuro alguien se preguntó por qué un adolescente de 17 años sería amigo de un físico nuclear fracasado… Pero me estoy yendo por las ramas). De algún modo, las características de este personaje secundario ayudan a apuntalar las del personaje principal: todo el tiempo estás recordando al lector que no todas las personas son así, que se puede ser de otra manera. Te llevas puntos extra si realizas uno de mis contrastes preferidos: cuando el personaje secundario tiene características de entereza moral que el principal no tiene, es decir, es escrupuloso. (Muchas veces los personajes secundarios venimos al mundo para decirle al personaje principal «Te lo dije.» ¡No digas que no te avisé!)

EL PERSONAJE SECUNDARIO QUE SE PARECE AL PRINCIPAL

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Pero otra razón por la que existimos los personajes secundarios, oye, es para dejar en claro cómo es el mundo al que pertenece de momento el personaje principal, al que quizá tenga que dejar atrás una vez que madure y crezca. Muchas veces, al principio de la historia, el personaje principal y el secundario son casi indistinguibles. De a poco, luego, se van diferenciando. Los personajes secundarios servimos muy bien para mostrar alternativas a la vida del protagonista que él mismo no eligió: somos el camino no tomado. Nos casamos y tenemos hijos, mientras el protagonista permanece soltero. Nos quebramos una pierna, mientras el personaje sigue adelante con su carrera deportiva. Pero en todo lo demás seguimos igual. A veces hasta servimos de faro, de guía, para representar todo aquello que el personaje principal perdió, y que le gustaría quizá recuperar.

EL PERSONAJE SECUNDARIO QUE TIENE SU PROPIA VIDA

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Porque también existe el «héroe de otra historia», ¿verdad? A veces un personaje secundario simplemente ES, y está allí para que el personaje principal recuerde (y los lectores también) que no es la única persona con problemas del mundo, y que hay más vidas allá afuera. También puede cumplir varias funciones, importantísimas todas para la trama: ser el que estaba en el lugar correcto en el momento justo, y observó algo que el protagonista necesita saber; cometer un error estúpido (o por qué no un acto de lucidez brillante, aunque pocas veces nos dejan a los secundarios acceder a ello, no sea que opaquemos al protagonista, ¡qué pena!) que afecte el devenir del día del héroe, por su proximidad; traer risas a una historia que se está excediendo en seriedad, o sensatez a un mundo de fantasías y jolgorio. Este es por lejos el tipo de personaje secundario que yo prefiero: porque sé lo que es ser un personaje secundario, y déjame decirte: ¡tenemos una vida! A veces muy interesante. Es toda una responsabilidad ocuparnos de estar allí en el momento necesario para que nuestra vida se cruce con la del héroe. Aconsejar, muchas veces, a alguien que es un personaje principal: ¡nosotros, que somos meros secundarios! Pero muchas veces ser un personaje secundario es eso: saber algo de aquello que el personaje principal todavía tiene que aprender.

Espero que la visita te haya sido grata, y que vuelvas a tu tablero de dibujo, o a tu escritorio de escritura (je), inspirado y renovado. Déjame darte ahora, no un consejo sino un pedido, para que te lo lleves por el camino. Ámanos. Ama a tus personajes secundarios, tanto o más que a los principales, sin por eso ceder (esto es importante) a la tentación de hacernos protagonistas de nuestras propias historias. No necesitamos protagonismo, ya sabemos que somos héroes de muchas maneras, la mayoría de las maneras en las que importa. Sólo ocúpate de imaginarnos con ganas, de hacernos reales, de no descuidar nuestras tareas para con los protagonistas y con la historia. Verás cómo los lectores creerán en nosotros también. Bien cuidados, podemos ser inolvidables, mucho más que cualquier protagonista. Los personajes principales terminan siendo, muchas veces, meras cáscaras vacías pensadas para que el lector se proyecte en ellas. ¡Ah, pero un personaje secundario! ¡Un buen personaje secundario! A veces los lectores nos aprecian más que a los amigos de verdad que les ha dado la vida. Y si no me crees, piensa en las historias que has leído, y pregunta por ahí. Al fin y al cabo, ¡siempre el personaje favorito de una persona es uno de los secundarios de la historia!

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