Has tomado la decisión y has seguido adelante: te encuentras terminando una segunda versión de tu guión de historieta. O incluso una tercera. Has entendido que la mejor forma de asegurarte de que tu historieta tenga una historia inolvidable es escribirla tú mismo, y mantuviste ese compromiso a lo largo de varias versiones de tus documentos. Quizá demasiadas versiones, piensas a veces, observando los archivos en tu disco rígido.
(Por Joseph Jacobs, mi alter ego que escribe en castellano neutro para una web de enseñanza de historieta. Estoy trayendo sus mejores textos a mi blog).
ORÍGENES SECRETOS

Tienes el primer documento de todos, donde fuiste anotando todas las ideas que se te ocurrían sobre tu historia. La ciudad en la que transcurre, sus principales actividades económicas. Los preceptos de la sociedad secreta a la que pertenecen los héroes. Hay partes que por lo diferentes que son parecen verdaderos retazos, más de una vez te has preguntado si no deberían tener cada una su propio documento. Páginas sueltas de diálogo. Diseños de los personajes. Recuerdos de la niñez de alguno de ellos. Recordatorios que te anotaste para ti: «No revelar la verdadera naturaleza de la relación de su tío con el herrero antes del capítulo 3.» De hecho, pasando las páginas de este primer documento, casi que puedes ver cómo fue evolucionando tu historia a medida que la creaste. Primero pocas ideas, después muchas más… Luego, incluso, algunas contradictorias, algunas que decidiste incluir en la historia dejando de lado otras, pero que tampoco te decidiste a borrar. Eventualmente el caos fue suficiente y te decidiste a hacer un nuevo documento. Al fin y al cabo tendrías que hacerlo, eventualmente, al menos para realizar una versión íntegra del guion. Sin tanta idea y comentario.
TUS VERSIONES DEL GUIÓN

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Meses después, te enfrentas a la multiplicidad de documentos en la carpeta de tu computadora y no sabes cómo proceder. Puedes identificar el último de todos, porque es el que aparece automáticamente en tu procesador de texto cuando accedes a la lista de documentos más recientemente abiertos. Aquí puedes leer la historia, de principio a fin… El guión de tu futura historieta, con cada viñeta consignada… Completo. O casi, porque en realidad hay algo que nunca te convenció sobre la escena donde el conejo se aparece en los sueños del explorador. Te gustaría retomar una antigua versión de esta escena, donde el conejo no se expresa usando palabras, sino dando saltitos. El problema es, que, cuando la vas a buscar, ya no recuerdas en cuál documento la tienes. Encuentras una versión que tiene esta escena, pero no como la recordabas; seguro que más adelante la reescribiste. Entonces encuentras una versión del documento que es posterior, sí, pero que no tiene ninguna escena onírica. (Estabas probando qué pasaba si le dabas un corte más realista, o mejor dicho naturalista, a la historia). Para cuando encuentras la escena como la necesitabas, has perdido un tiempo precioso que podrías haber usado en escribir. ¿Qué pasó? ¿Y cómo puedes hacer para que no vuelva a suceder?
LA IMPORTANCIA DEL VERSIONING

El gran problema que enfrentamos, casi a nivel cognitivo, es definir para nosotros mismos qué significa una versión. O mejor dicho, qué cambios en un documento ameritan ser llamados una nueva versión. Piénsalo: si no fuera así, te alcanzaría con agregar un número a cada copia nueva de un documento, y aumentar este número de a una cifra por vez. Llamas al primero Mi Historia 01.doc, al siguiente Mi Historia 02.doc, y así. (Te recomendamos llamarlos 01 y 02, y no 1 y 2, porque cuando llegues a 10 tu computadora automáticamente ordenará el número 10 al lado del 1, porque ambos empiezan con el mismo número. Sin ceros, el orden alfabético es 1-10-2-3. Con ceros, 01-02-03 etcétera, y así hasta el 10). No es quizá lo más descriptivo (el título no te dirá cuál de los archivos tiene tu versión favorita del sueño con el conejo) pero te permitiría mantenerlos en orden. Problema solucionado, ¿no? No. Porque te resistes: no puedes aceptar que un pequeño cambio resulte en que un documento sea llamado una nueva versión. Removiste una sola de las escenas, y redujiste la extensión de casi todos los globos de diálogo. No quieres perder la escena para siempre, así que copiaste el documento… ¿Pero merece ser llamado, por esto, versión 8? (Perdón, ¡versión 08!) ¡Si es casi la misma versión que la 07! Cuando pasaste de la versión 03 a la 04 eliminaste uno de los personajes principales, cambiaste el signo dramático del final y detallaste un robusto sistema de magia. Llamar a esta nueva versión la 08 solo por estos ajustes menores no te parece consistente.
ES TODO CUESTIÓN DE PUNTOS
La solución la tienes delante de las narices, y en cierto modo te la cruzas cada vez que abres un programa de computadora o una aplicación del celular. Es posible agregar subdivisiones a estos números de versión, que serán correctamente interpretados por cualquier orden alfabético que les sea aplicado posteriormente. (Después de estos números, incluso, puedes agregar palabras, pero de esto hablaremos más adelante). Y no hay más sencilla subdivisión que un punto, aceptado por todo subsistema informático (¿nunca te ha pasado que un programa te acepte un caracter dentro de un texto, pero no en el nombre del archivo?), con una presencia que nos recuerda a la de los puntos y comas que utilizamos para separar miles, millones y decimales. Su uso es así: cuando quieras agregar una nueva versión, pero no creas que amerite sumar un nuevo número entero, agrega un punto. Luego del punto, pon un nuevo número. Por ejemplo, habíamos dicho que estábamos en la versión 07. El nuevo documento puede ser llamado Mi Historia 07.02.doc. Si vuelves a hacer otra modificación menor de estas, la puedes llamar 07.03. Si luego la envías por email a un amigo, y tras hacerlo te das cuenta de que la página 16 tiene dos viñetas mal numeradas, querrás modificarlo en tu copia pero que no se confunda con la que tiene tu amigo y ya no puedes cambiar. (No quieres que haya dos versiones 07.03 diferentes, en el mundo). La solución es fácil: tras acomodar esas viñetas, renombras al archivo Mi Historia 07.03.01.doc. ¡Porque no te convencía llamarla 07.04! Y así en adelante.
Incluso puedes aprovechar esto para generar nuevas versiones intermedias. Supón que quieres mantener esta división entre «historia con secuencias oníricas / historia sin secuencias oníricas» a lo largo de muchas versiones de tu historia en paralelo. Removerás y cambiarás de lugar escenas, en ambas. Bien, la versión con los sueños puede ser la 04, la naturalista la 05. Cada documento nuevo que hagas estará numerado después de esta primera categoría. Así, tanto la versión 04.02 como la 05.02 comenzarían la historia con un flash forward al enfrentamiento decisivo entre el héroe y el villano. Pero la 04.02.02 y la 05.02.02 mostrarían que el héroe recibe una cicatriz en ese momento, mientras que en las 04.02.03 y 05.02.03 es el villano quien perderá una de sus orejas a manos del héroe. ¿Vas captando la idea?
¡Impleméntalo pronto, y verás cómo disfrutas de un control sobre tu material creativo que antes no hubieras sospechado! Te dejo con el truco secreto: ¡Luego de los números puedes agregar palabras al nombre de archivo, a modo de etiquetas! No hay nada como leer Mi Historia 04.03 con el conejo que habla.doc para sentirse en comando de la propia aventura creativa.