Crees que tienes todo lo necesario para triunfar en el mundo de los cómics. Tienes una historia que te parece fascinante, realmente crees que puede ser un éxito. Quizá es sólo una idea en este momento, la semilla de una historia. O quizá ya llevas cuadernos y cuadernos escritos con los detalles de la historia, has realizado un guion. Sea como sea, entiendes que tener la historia es solamente el componente número uno. También tienes los otros dos componentes, la trifecta que tú crees que te asegurará el éxito, al menos en cuanto a lo pertinente a la escritura de guiones. Posees (componente dos) un grupo de amigos, o colegas al menos, dispuestos a leer lo que escribes y ofrecerte opiniones sobre tus ideas. Y por último, pero no por eso menos importante, el componente tres: la valentía para atreverte a mostrar las historias que escribes, a compartir las ideas que estás pensando. Has respirado hondo, hecho de tripas corazón, endurecido tu piel, y estás listo para recibir las críticas de manera constructiva, para no desanimarte con las partes que a otros no les hayan gustado, para (y esto también es importante) no dejarte llevar por tu propia vanidad cuando te comenten cosas que sí les hayan gustado: sabes que no piensas dar siempre más de lo mismo, y que trabajarás duro por grande que sea tu éxito. Estás preparado. Pero hay tres hábitos comunes, en los que quizá nunca te detuviste a pensar, que parecen muy inocentes pero pueden ser la diferencia entre el éxito y el fracaso. Sigue leyendo para no volver a cometer estos tres grandes errores.
(Por Joseph Jacobs, mi alter ego que escribe en castellano neutro para una web de enseñanza de historieta. Estoy trayendo sus mejores textos a mi blog).
SER EL PRIMERO EN OPINAR

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Nunca, nunca jamás, y aquí imagíname poniéndome de rodillas pidiéndotelo por favor, nunca compartas algo que hayas escrito opinando de antemano sobre tu propio escrito. No te anticipes a las opiniones del otro, no busques prepararlo para que lo lean de cierta manera. Nada de «Espero que te guste, no estoy conforme con el final pero me decidí a mostrarlo de todos modos», ni «Lo escribí en un rapto de inspiración en una sola noche, no me atreví a releerlo así que seguro está lleno de errores, lo siento», tampoco «Creo que lo mejor es la escena donde el jugador de ajedrez declara su amor por la hija del Zar, allí me superé a mí mismo», ni mucho menos «Intenta imaginar que eres una persona a la que le gustan las secuencias oníricas, lo escribí con ese tipo de público en mente. ¿Has leído a Lovecraft…?» No. Nada. Silencio. Cero. No debes decir nada sobre lo que has escrito antes de que otros lo lean. La entrega de tu texto es tu experimento, y tu amigo lector es tu rata de laboratorio. Deja que sea ÉL quien te de opiniones a ti. Deja que sea ÉL quien te haga PREGUNTAS a ti. ¡Es difícil, porque tú sabes que eres mejor escritor de lo que deja ver tu texto, ese texto no te representa! Lo sé, amigo, créeme, todos lo sabemos. Todos somos mejores escritores que los textos que escribimos. (¿Sabes por qué? Porque somos lectores. Siempre es más fácil entender a una persona que habla otro idioma que hablar tú mismo ese otro idioma. ¿Entiendes a lo que me refiero? Tú eres mejor leyendo que escribiendo, entonces sabes que tu texto podría ser mejor de lo que es, aunque no puedas escribir algo mejor de lo que escribiste -por ahora-). Lo importante es que recuerdes que NO estás aquí para generar una buena opinión como escritor. Eso vendrá más adelante, cuando tu historieta esté dibujada y se publique. Este momento, el momento del guion, el momento de compartir lo que escribiste para que alguien lo lea, es sólo para que puedas obtener opiniones puras de parte de alguien. Y si al entregar el texto lo haces con aclaraciones, las estarás contaminando.
TEMER QUE TE ROBEN IDEAS

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Es tan común, y a la vez, tan dañino… ¿Haz oído alguna vez el viejo adagio que dice que hay más parejas destruidas por los celos que por las infidelidades? Mucha gente encuentra la forma de perdonar y seguir adelante, pero nadie tolera vivir en medio de la desconfianza, la paranoia y la incertidumbre. Bueno, pues esto es igual. ¿Temes que te roben ideas? Pues bien, ese temor te hace más daño que el que te haría el que alguien alguna vez te robe una idea. ¡Ideas hay muchas! Si un día te roban una, luego se te puede ocurrir otra. Eres tú el que ha tenido la idea, no te olvides. Lo que debería preocuparte es que te roben tu cerebro. No, pero es que la gente que teme que le roben sus ideas la pasa realmente mal, porque muy pocas veces pueden recibir opiniones acerca de ellas. Una idea que estuvo sin contacto con otras personas es como una planta que nunca tiene contacto con el aire libre. Puede crecer, sí, porque tiene agua y sol… Pero será raquítica cuando lo haga, y no estará lista para resistir los ataques de ningún bicho. Hazme caso: si temes que te roben ideas, lo mejor es tener muchas. Comparte tus ideas, dales esa oportunidad de crecer.
NO REPREGUNTAR

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Esto que viene ahora es esencial, y sin embargo es una de las prácticas más invisibles de todas. Una vez que has recibido las opiniones de tus amigos, y las has guardado con cuidado en tu mente y en tu corazón, para tenerlas en cuenta en la siguiente reescritura… ¡Por Dios, no te quedes callado! ¡Repregunta! Siempre puedes averiguar más. Este SÍ ES el momento de dejar salir los comentarios que te prohibimos hacer en el punto anterior. Ahora sí, cuando alguien te haya dicho que le gusta tal o cual escena, puedes preguntarle por qué. Ahora sí, cuando alguien no opinó sobre una parte que para ti era importante, le dices «¿No es curioso que no me hayas dicho nada sobre el ajedrecista y el Zar? Me sorprendiste», y observa cómo reacciona tu amigo. Aprenderás mucho de qué fue lo que pasó por las cabezas de las personas cuando te leyeron.
Por último, recuerda esto siempre: no es tan importante si las personas que opinan te dicen la verdad o no. En las inmortales palabras de Sid Sackson, el importantísimo diseñador de juegos de mesa estadounidense: «Yo siempre muestro mis nuevas ideas a familia y amigos. No me importa si me mienten para hacerme sentir mejor. En general me puedo dar cuenta.» ¡Tú conoces bien a tus amigos! Es hora de que ellos conozcan tu escritura.