Para tu próxima historieta tienes una idea que vienes trabajando hace un tiempo. Sin embargo, ahora te enfrentas a un problema nuevo: has descubierto que hay un tema del cual te interesa muchísimo hablar. Es un tema que aparece en otras historias que a ti te apasionan. Sin embargo, no te consideras un experto en el mismo. Y es aquí cuando te preguntas: ¿será el momento de detener la escritura y comenzar una investigación seria, para ser una persona que sabe lo que está hablando? O será el momento de, bueno, cómo decirlo… ¡inventar! Quizá no hace falta ser tan preciso en lo que te propones. Quizá tus lectores nunca conocerán la diferencia. Quizá tú mismo has leído historias, como la que estás escribiendo, que en realidad no estaban muy investigadas. Lo bueno es que si te lo estás planteando, si estás leyendo esto, ya has dado un paso en la dirección correcta. Porque eres un guionista responsable. Sigue leyendo para encontrar varias maneras de abordar este hermoso problema. Son útiles para todo tipo de historias, pero especialmente si te interesan la ciencia ficción y la fantasía, las ficciones históricas, e incluso el realismo.
(Por Joseph Jacobs, mi alter ego que escribe en castellano neutro para una web de enseñanza de historieta. Estoy trayendo sus mejores textos a mi blog).
ESCRIBE LO QUE CONOCES

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Muchas veces, seguramente, has oído el siguiente adagio: un escritor debe escribir sólo acerca de lo que él conoce. Es un poco difícil, a veces, de seguir. Como decía Stephen King, por algo es que hay tantas novelas sobre hombres de cuarenta años que dan clases en la Universidad y están considerando engañar a sus esposas. La verdad es que muchas de las historias que más te gustan están escritas por personas que no saben del tema mucho más que tú. ¿O es que acaso crees que tu autor favorito ha estado alguna vez en una estación espacial?
Te sorprenderías, incluso en ejemplos contemporáneos o realistas. Por ejemplo, es muy común en la ficción, sobre todo si se trata de una película de acción, que nadie nunca tenga que recargar un arma. También, por más que se trate de un policial hiperrealista de esos que se la pasan haciendo exámenes de ADN, es común que una persona golpee a otra en la cabeza, ésta se desmaye, y eso NO le deje secuelas. Cuando, en la realidad, el tipo de contusión que te puede hacer perder la conciencia muy probablemente también haga que nunca más vuelvas a mover tu brazo, o que te cueste recordar cómo doblar en cuatro partes un mantel.
Muchas veces vemos algunos de estos detalles pasados por alto en la fantasía medieval, o incluso en la ficción histórica. Armaduras que, incluso después de mucho uso, no hacen daño al cuerpo, caballos que no necesitan detenerse para comer… Lo importante es que tengas presente que, la verdad, nada de esto tiene nada de malo. Si tú has podido disfrutar estas historias sin detenerte en estos detalles, significa que quienes las escribieron hicieron bien en no detenerse a preocuparse por ellos.
De algún modo, es como si el género de la fantasía se expandiera, se volviera permeable, invadiera todos estos otros géneros. Todas son fantasías, de un modo o de otro. De la misma manera, quizá, en la que es una fantasía cómo al final de toda película romántica hay dos personas que estarán juntas para siempre, un amor que no podría nunca ser detenido.
LOS MOMENTOS EN LOS QUE EL DETALLE IMPORTA

Sin embargo, aunque sean las menos, otras veces sí es importante prestar atención a tus detalles y contar con datos que vengan en la vida real. Será en aquellas ocasiones en las que tus lectores aprecien conocer algo más sobre el mundo que los rodea, a través de tu historia. Es en este punto en el cual una historieta, que quizá busca sólo ser de aventuras o de ficción, puede también volverse en parte una crónica periodística, o incluso un acto de divulgación científica. A veces, sobre todo cuando se trata de entender la experiencia de personas que vivieron en otra época o en otro lugar, hay algunas cosas que solamente se pueden entender a través del detalle. Incluso tratándose de personas ficticias, tú querrás saber cómo podían cargar sus armas, de dónde obtenían su agua, qué tenían que hacer cuando necesitaban ir al baño. Cómo era la relación entre hombres y mujeres, si tenían esclavos o sirvientes, si su sistema era capitalista o feudal. En estos casos lo que se suele recomendar es que el guionista se limite a aquellos temas que ya lo obsesionan de antemano. Por ejemplo, conocemos la novela de Umberto Eco «El nombre de la rosa», y como sabemos que esta es una persona que se consagró como medievalista mucho antes de ponerse escribir (al fin al cabo se trata de una primera novela escrita por un hombre de cincuenta años), nos confiamos en él. Nos dejamos llevar de la mano, y nos sentimos por un tiempo, mientras leemos la novela, que somos parte de un monasterio medieval.
LOS MOMENTOS EN LOS QUE CONVIENE INVESTIGAR

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Esto quizá no se aplique a tu caso. A veces, realmente, no te queda otra que hablar de temas que no son tu obsesión anterior a lo que escribiste, sino que a medida que escribes te vas obsesionando cada vez más. Corres, incluso, el peligro de dejar de lado tu escritura: de dejar de escribir y ponerte sólo a investigar. El truco, claro, es que esto se transforme en otro de los placeres que tiene el escribir. Al fin y al cabo, así como a veces no hay mejor cosa que hacer que leer una historia para conocer acerca de ciertos temas, otras veces no hay nada mejor que escribir una historia para lograr lo mismo. A veces un guionista escribe una historia para superar el desamor, el desengaño amoroso de su relación con su ex novia. Otras, solamente para terminar de entender por qué los legionarios romanos usaban un pilum pero no arco y flecha.
Lo que debes hacer en ese caso es no tener una historia pensada de antemano. Ni siquiera plantearte contar UNA historia. Piensa en escribir varias historias pequeñas. Concéntrate, en cada una, en un solo aspecto del mundo que estás conociendo, y dalo a conocer tal como lo conociste tú. Quizá, por ejemplo, estás investigando acerca de las lunas de Júpiter, y descubres que una de ellas es diferente a las demás. Quieres situar una historia allí, con los primeros humanos que llegaron a Júpiter. Tal vez tu historia no está del todo bien investigada o planteada. Tal vez planteas que existe el viaje más allá de la velocidad de la luz, y sin embargo todos están acuerdo en la comunidad científica en que, el día en que esto se consiga, la Humanidad habrá dejado atrás a Júpiter hace ya mucho tiempo. Quizá pones inteligencia artificial o robots en un siglo que sería demasiado cercano para que éstos existan. No te preocupes por eso. Tú ocúpate solamente de contar la verdad que a ti interesa acerca de la luna de Júpiter.
Para despedirnos, déjame contarte acerca de otro truco. El otro truco es que no tengas pretensión científica ni de realismo. Estás escribiendo una fantasía, pero con un elemento que a ti te pareció apasionante, verdadero y real. Tú crees en lo que estás contando. Tú sabes que esa parte de tu fantasía es real. Así como quien escribe una comedia romántica sabe que el amor, a veces, existe. ¡Buena escritura!