Bienvenido. Sabes, a veces siento que me paso el tiempo dando la bienvenida a personas a mi morada. Héroes, en general. Con el tiempo, se termina volviendo un ritual: comenzar con la silla de espaldas, empezar a hablar sin mostrar mi rostro, girar para verlo de frente. Llevar conmigo, quizá, un gato al que acaricio. Pero en fin, vayamos a lo nuestro. Los dos tenemos en claro, tú y yo, por qué has venido hasta aquí hoy. Lo primero que debería hacer, supongo, es agradecerte por la formalidad, que te aseguro que no es necesaria. Ahí arriba, en el título, lo veo: «personaje antagonista». Te lo agradezco de corazón, pero la verdad me alcanza con la palabra que nos designa, a mí y a los que somos como yo, desde hace mucho tiempo: villano. Hoy estaremos hablando de cómo puedes crear uno bueno para tus historias, o mejorar los que ya tienes.
(Por Joseph Jacobs, mi alter ego que escribe en castellano neutro para una web de enseñanza de historieta. Estoy trayendo sus mejores textos a mi blog).

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Es interesante esta palabrita, ¿verdad? Villano. Originalmente, dicen, pertenecía a aquellas personas que vivían en una pequeña localidad… Era otra forma de referirse a la plebe. Pero la plebe urbana (o más o menos urbana, no estoy seguro), no la que trabajaba en el campo. Hoy en día, en cambio, una de las primeras cosas que se suele asociar a la palabra «villano» es el poder y la riqueza… Acaso los primeros villanos que una persona cualquiera conozca sean aquellos de los cuentos de hadas. En general se trata de una madrastra malvada, muchas veces de una reina o rey, a veces una bruja, otras un hada, también un ogro. O un lobo adulto. Todas, hasta cierto punto, figuras maternas o paternas. El villano suele ser adulto, el héroe (o la heroína) no. Así la historia es poco más que una representación del trauma de la adolescencia: la niñez que no puede hacer frente a un mundo hostil, a una adultez instalada, y que sólo vence al transformarse ella misma en una adultez nueva. (Raro es que algún protagonista quede soltero al terminar un relato de cuento de hadas). Pues la verdad no está mal, para empezar. Quieres mostrar cómo tu protagonista crece, entonces le pones enfrente a alguien que es más poderoso que él, pero menos poderoso de aquello en lo que él (el héroe) se va a transformar. Aquí tienes otra característica muy habitual de los villanos: no suelen crecer.
Déjame quedarme un poco en este punto. Para mí, como villano, merece examen, y merecemos quizá un resarcimiento. ¿Por qué nosotros no podemos crecer también, como cualquier otra persona? Ponte a cuestionarlo tú mismo. Quizá, si quieres un villano original y verdadero, una de las cosas que le puedes agregar es que el mismo crezca. El villano suele ser el mismo al principio y al final de la historia. En todo caso, su única gran diferencia es estar muerto. Que es, bueno, es una diferencia grande, lo admito, pero en poco aporta al tema del crecer. Siempre se habla del viaje del héroe, ¿pero por qué no pensamos cómo viaja un villano?

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¡Sin redimirnos, por favor, sin redimirnos! Una de las cosas que más odio que hacen con nosotros es, cuando se trata de mostrar cómo evolucionamos en el tiempo, pasarnos al bando de los héroes. Ablandarnos, volvernos un gatito al que cortaron las garras. A veces ocurre cerca del final de la historia, muchas veces frente al avance de un villano mayor, nuevo. ¡Eso es crecer, pero no crecer como villano! Otras veces pasa algo peor: una historia nueva se retrotrae a nuestro origen, se enfoca de forma obsesiva en él. Se despliega frente a los lectores cómo nos transformamos en lo que somos… A la gente le gusta, pero, lo que es yo, la verdad… Bah, qué quieres que te diga. Para mí, es lo mismo que la historia de la redención pero desde el otro lado. Cómo una persona buena se vuelve mala. Lo ves, y entonces estás esperando que esa persona buena se halle siempre allí de algún modo, dentro de la otra. ¿Quizá, hasta que le llegue la redención?… Bah. Déjame decírtelo aquí y ahora, así aprendes algo sobre la vida. Ninguna persona es muy buena. La gente es gente. Todo el supuesto drama de nuestras vidas se desarrolla en una extensión muy corta, un camino que recorremos muchas veces y que de por sí no tiene tanto de particular: la distancia entre lo que queremos y lo que podemos. ¿Qué es lo que se interpone ante lo que queremos? Cuando tienes una respuesta a eso, ya tienes una historia, y para esto es lo mismo si estamos hablando de un héroe o de un villano.

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Puede pasar que precisamente sea uno de nosotros lo que se interpone entre tu héroe y lo que él quiere. No está mal, ¿eh? Pero intenta no hacerlo demasiado obvio. Me imagino que, como persona, yo también tengo que querer algo, ¿verdad? Que no voy de aquí para allá simplemente pensando en lo mucho que odio al héroe, que no doy forma a mi vida entera alrededor de los planes que tengo para destruirlo. No, lo mejor es cuando lo planteas de la manera opuesta: es él quien se transforma en un obstáculo para mí, soy yo quien necesita librarse de él para alcanzar lo que quiero. Tal vez quiero ser dueño de una propiedad y él se resiste a venderla. O quizá estoy enamorado de una chica, y él está saliendo con ella. (¿Has notado lo común que es el ejemplo opuesto? Yo soy quien está en pareja con una muchacha, y él es quien está destinado a robármela. Siempre me parece por lo menos extraño, siendo que es él quien debería actuar heroicamente…) Puedo tener algún objetivo político a conseguir, incluso uno válido, pero mi camino me va a llevar por la ilegalidad, y es allí donde él (como agente de la ley) intentará detenerme. Sea lo que sea, es importante que tengas muy en claro qué es lo que quiero (incluso puedes permitirte saberlo mejor que yo). Asegúrate de que el lector conozca también esta información, y creerá en mí como en una persona de carne y hueso, no como un simple recurso literario puesto allí a realizar una función para que el héroe tenga algo que hacer.
Y ahora, me retiro. O mejor dicho por ahora, me retiro. Hay mucho más que puedes conocer acerca de crear grandes villanos, así que espero que en el futuro vuelvas a visitarme… Hasta entonces, recuerda lo que conversamos hoy. ¡No dejes de prestar atención a tus villanos!

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