Mi viejo About

Necesito un blog para dejar guardadas en algún lugar las cosas que voy haciendo. (Cosas que se pueden perder o quedar atrás en facebook.com/santiagojoseveron, facebook.com/escribihoy e instagram.com/santiagojoseveron.) La buena noticia es que tengo un blog: Abrí uno a los veintiún años, poco antes de cumplir veintidós. La mala noticia es que a ese blog (a este blog) tengo que agarrarlo y cambiarlo todo, porque lo que es bueno para un aspirante a guionista de 21 años que vive en 2009 no necesariamente es bueno para un standapero y docente de 29 años que vive en 2016.

Me siento culpable, así que voy a copiar y pegar acá lo que decía antes en la sección (típica de todos los blogs) de “Acerca del blog”. También llamada About. O en mi caso, la había titulado “Quién soy“:
cabina

(¿Querés mandarme un mail? sanjveron@gmail.com )

Me llamo Santiago Verón, tengo 23 años al momento de abrir este blog (nací en 1987) y vivo en La Plata, Argentina. Me estoy formando como escritor en distintas formas de narrativa: estudié principalmente guión de cine y televisión, más una buena base de guión de historieta. Soy un lector voraz y me encantaría estudiar escritura de cuentos y novelas, pero cuesta encontrar un lugar cuando está tan difundida la creencia de que es algo que no se puede enseñar.

Me apasiona todo cruce de la ficción con lo lúdico; amo la posibilidad de protagonizar una historia que nos dan algunos videojuegos, los juegos de rol, los libros de Elige Tu Propia Aventura. Estoy decidido a también aprender a escribir eso.

(Esto mismo en inglés: asyoumayormaynotknow.wordpress.com)

 

No estaba taaan mal, ¿no?

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La “Depresión egocéntrica” en Orange, de Benjamin (Zhang Lin)

“Hay una voz / dentro de mí / que me recuerda que te mentí. / Suena peor / en la canción, / no es para tanto. / (Pero igual, sí.)

Miranda!, “Navidad”

“Orange” es una historieta china que tuvo gran éxito en Francia. En Buenos Aires se consigue en mesa de saldos a muy poca plata (más barato que un café). El autor, Zhang Lin, conocido como Benjamin, encuentra belleza en la soledad, la depresión, el suicidio…

…Muuucha belleza en un poquiiito de soledad, depresión y suicidio. Tanta que resulta sospechoso. Es difícil saber si es sincero o si se está haciendo el depresivo para resultar más “artístico”. ¿Acá hay tristeza de verdad, o es sólo una pose?

1. BELLEZA

Benjamin dibuja como los dioses. Si buscan cualquier nota en Internet van a encontrar este dato en primer lugar. Vean sus dibujos: pinceladas expresivas sobre figuras realistas y exactas, mediante trabajo digital. En el caso de “Orange” Benjamin se ocupa de que cada viñeta sea lo más bella posible. Es casi grasa; la belleza, como todo atributo de la narración, se beneficia con el contraste. Cuando una viñeta se ve más fea la de al lado se luce más. En esta historieta donde pasan tantas cosas feas, me quedo pensando si la pincelada de Benjamin no estará hablando de una belleza que rodea a los personajes sin que la puedan tocar.

2. DEPRESIÓN, SOLEDAD Y SUICIDIO

(Salteen este apartado si no quieren enterarse del final.) Resumen argumental: A Orange, una adolescente de algún conurbano chino, sus amigas le parecen superficiales, los chicos con los que sale maleducados, la ciudad fea. Siente que cuanto más tiempo pase más difícil le será no ensuciarse con lo que la rodea, pero no elabora un plan de escape. Lo más cercano que tiene es su costumbre de subir de vez en cuando a la terraza de su edificio a pensar en suicidarse.

Un día conoce a Deshu, un pintor alcohólico con una visión del mundo bastante parecida, pero que no parece preocuparse por nada. Le envía una carta contándole cómo vive y piensa. Deshu también encuentra en ella a alguien que vale, y decide despojarla de sus tendencias suicidas de un modo bastante drástico: suicidándose él, delante de ella. Se tira de la terraza al pavimento. Y funciona.

3. POSE

La verdad, “Orange” utiliza a la depresión para que uno diga “Oh, qué historieta profunda.” En el grupo de lectura estamos de acuerdo. Pero no quiero que, distraídos por cómo se toma lo que dice demasiado en serio, pensemos que no tiene nada que decir. Sería una pena, porque es una historieta que entiende algunos mecanismos de la depresión. Y los mecanismos de alguna salida posible.

No cualquier depresión: “Depresión egocéntrica”, lo llamaría. Es cuando a uno no le alcanza con estar mal, necesita de otro que se entere de lo mal que está uno. Se es presa de un mundo de contradicciones: Como egocéntrico, se piensa en uno mismo pero se necesita constantemente del otro, como una obra de teatro que deja de existir si no hay espectador. Como depresivo, la búsqueda de la compasión del otro puede alejarlo, si se percibe la intención.

La depresión egocéntrica viene aparejada de una gran necesidad. Es una necesidad enfermiza como la del adicto a su adicción. Se alimenta de la atención del otro como de un combustible, crece y pide más, es una necesidad histérica, imposible de satisfacer.

La salida de la “Depresión egocéntrica” pasa por otro lado y la historieta “Orange” lo entiende. No es la atención del otro, es la atención AL otro lo que nos puede sacar del pozo. Interesarse por alguien es lo que les da a los protagonistas esa conexión que tanto ansiaban con el mundo real.

(¿No lo mencioné todavía? La preocupación por lo real/falso de la trama, que nos aparecía como lectores, está contagiada en las páginas mismas. Deshu y Orange quieren escapar de las risas superficiales y no encuentran quién les crea su tristeza. El suicidio aparece como un escape de la vida cotidiana a un mundo sin mentiras, tan definitivo como el pavimento.)

En conclusión: Hay pose de tristeza y hay tristeza también. Porque hay veces que sos egocéntrico, pero igual estás pasando un mal momento. Con suerte encontrás alguien por quien valga la pena tirarse de una terraza.

(Escrito a raíz de las discusiones en el club de lectura de historietas “Rorschach”. ¡Gracias chicos!)

Dos tangos en la balanza: el juego de las siete diferencias entre las dos ediciones de Clarín

I

Hace unos años, el diario Clarín sacó una Biblioteca Clarín de la historieta, que permitió conseguir a precio económico episodios fundamentales de obras tan diferentes como Patoruzú o X-Men. El lado malo es que las publicó en unos libritos con un tamaño de página que no es proporcional al original de casi ninguna, y en los círculos de historieta la Biblioteca se hizo tristemente famosa por sus recompaginaciones grotescas, desfiles de cuadros reducidos y sobredimensionados.

Hace unos meses, Clarín sacó una mucho más hermosa Biblioteca Corto Maltés (no sé si se llamaba así, pero supongamos), con aventuras del marinero inéditas en castellano, a color, elegantes, en las que nada discordaba y todo estaba en su lugar.  Era triste volver a leer La balada del mar salado y darse cuenta de que cabía perfectamente sin necesidad de redimensionar nada: la segunda Biblioteca repetía el tamaño de la anterior, pero todo funcionaba. No medí los centímetros reales del formato (mil disculpas), pero en cuanto a la proporción interna, en el caso de Tango, una de las pocas historietas que en la primera Biblioteca entraban en página, es de una grilla de hasta seis cuadros iguales distribuidos en tres tiras de dos.

6 cuadros no es lo más común para páginas verticales. Para horizontales, en cambio, es clasiquísimo: los libros de Mafalda, por ejemplo.

Así que en teoría, Tango debería aparecer exactamente igual en la Biblioteca de la historieta y en la Biblioteca Corto Maltés. En la práctica, estas son las páginas finales de cada una:

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Escritos de los chicos de 1999

Anoche me junté con dos compañeros de la primaria. Tomamos cerveza (raro en mí) y escuchamos DVDs de La Renga (y para mi alegría, también uno de Led Zeppelin). Nos pusimos al día con datos como qué compañera tuvo una hija; nos pusimos a prueba con preguntas como quién se acordaba dónde se jugaban las Olimpíadas Infantiles. Pero lo que me dejó pensando fue un libro que hace mucho no veía: un libro del que casi todos mis compañeros tienen un ejemplar pero yo no (parecido a cómo siempre hay un par que no se hacen buzos de egresados). El libro es del año 1999 y se llama “Ellos también cuentan”. Es una antología de textos breves enviados por alumnos de tres colegios de la ciudad, incluido el mío. (No sé si habrá otros volúmenes para los demás colegios.) Me gustaría haber participado, supongo que falté el día de entregar los cuentos.

Me traje anotada una lista de los pequeños autores que me parecieron interesantes; tengo curiosidad por buscar sus nombres en Facebook y ver qué fue de la vida de estos chicos. Tenían entre 6 y 14 años al momento de participar (yo tenía 12). ¿Alguno de ellos será escritor?

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