Quizás has notado que muchos artistas de hoy en día se esfuerzan por realizar las llamadas «narrativas no lineales». Este es un término que es usado de dos maneras diferentes. En un caso, se aplica a los videojuegos y otras historias interactivas, donde la historia puede tomar muchas formas según los caminos que el jugador elija. En otro caso, se aplica a narrativas no interactivas, tradicionales, como la literatura, el cine o la historieta, pero que eligen no contar los sucesos en el orden cronológico. Por ejemplo, yo en esta oración y la siguiente te estoy contando que ayer, cuando saqué a pasear a mi perro, nos sorprendió una tormenta en medio del parque; me preocupé realmente por qué demonios iba a hacer. Ya hacía unos días que no tenía mi paraguas conmigo, pues me lo había olvidado en la casa de un amigo, en un paragüero de cobre. Antes de que te distraigas con la resolución de la anécdota (aproveché varias hojas de periódico, que estaban revoloteando entre los bancos del parque), presta atención a lo que acabo de contar y verás que no se encuentra en orden cronológico. Sutil, ¿verdad? Cronológico hubiera sido si yo te hubiera dicho: «La semana pasada visité a un amigo, coloqué mi paraguas en su paragüero de cobre, y lo olvidé allí cuando me fui a casa; ayer saqué a pasear a mi perro, cuando estábamos en el parque se desató una tormenta, y yo no tenía un paraguas para protegerme.»
(Por Joseph Jacobs, mi alter ego que escribe en castellano neutro para una web de enseñanza de historieta. Estoy trayendo sus mejores textos a mi blog).

Foto de Bret Kavanaugh en Unsplash
A veces, como en este ejemplo, es hasta más sencillo contar una historia de modo no lineal. Al fin y al cabo, siendo que yo me había OLVIDADO de lo que había sucedido con mi paraguas, la narración con ese «salto al pasado» es más fiel a mi proceso mental: para mí, primero llevé a mi perro al parque, y LUEGO reviví lo sucedido en casa de mi amigo, al verme confrontado con la tormenta.
Podemos, también, diferenciar entre un salto que introduce algo nuevo para el lector, y uno que literalmente repite algo que ya fue visto. (Como si, en el relato donde empecé por contarte que me había olvidado mi paraguas en la casa de mi amigo, te lo volviera a repetir cuando te cuento que se desata la tormenta). De un modo parecido, diferenciamos también entre saltos que se corresponden con los recuerdos de uno de los personajes, y aquellos que sólo cuentan el pasado de la historia porque llegó el momento de hacerlo, como si se tratara de un pacto secreto entre autor y lector, que no compete a los personajes.
Todas estas herramientas y muchas más están a disposición de los autores que buscan hacer narraciones no lineales, y éstas se hallan muy de moda. A veces, demasiado de moda. Más de una vez habrás tomado contacto con historias que podrían haber sido narradas de una forma más directa y más nítida, que te dejaron pensando en si sus autores estuvieron demasiado preocupados por maravillarte. Cuando llega el momento de pensar tus propias historias para tus propias historietas, te preguntas cómo atenerte a la disciplina de decir lo que tienes que decir de manera franca y simple… Pero también te preguntas si la narrativa lineal no tendrá a su vez algunos trucos, herramientas que puedas utilizar para maravillar al lector aunque no lo “muevas de casilla” en el tiempo. Pues bien, hoy te voy a contar tres.
APARENTA SER NO LINEAL
Que no vayas a hacer saltos temporales dentro de tu narración no quiere decir que no puedas FINGIR que estás por hacerlos. Al fin y al cabo, tú y tu lector no han firmado ningún contrato, ¿verdad? Él no sabe que tú no piensas mover la narración al pasado. Así que, ¿por qué no confundirlo? Comienza una nueva escena en un tiempo que es claramente anterior al de siempre: la gente se viste distinto, quizá el grupo de personajes es diferente. Los lectores más sagaces se preguntarán si alguno de estos personajes es quizá el padre de alguno de los de siempre. Luego, unas páginas después, revela que se trataba de un programa de televisión que los personajes de siempre estaban mirando. O mejor, de un material de archivo, un documental, algo directamente relacionado con sus historias personales (quizá uno de esos personajes sí era el padre del protagonista, al fin y al cabo). ¿Por qué no un sueño (un sueño-recuerdo quizá), una obra de teatro, o una representación de lo que un personaje está leyendo? Eso nos lleva directamente al siguiente punto, pero antes de pasar a él, recuerda: a veces los mejores flashbacks son los que no eran flashbacks al fin y al cabo.
ESCAPA DE LA REALIDAD

Foto de Irina Enasoiu en Unsplash
¿Qué tiene de malo si representas con imágenes algo que sólo sucede en la mente de un personaje? Demasiadas veces dedicamos nuestras viñetas sólo a lo que está sucediendo en el mundo real de la historia, y dejamos el mundo mental para los globos. Así, dibujamos a dos amigos conversando en un bar, uno le cuenta al otro que anoche soñó con él, y leemos su relato del sueño en el globo. ¿Por qué no VER el sueño directamente? No sería muy difícil representar, viñeta a viñeta, lo que la persona soñó: su amigo montado en un oso hormiguero gigante, el encuentro con una palmera que habla. Hasta podrías, puesto a representar, ocuparte también de lo que el amigo imagina cuando le cuentan la historia: en su mente, el sueño de su amigo toma connotaciones atemorizantes, el oso hormiguero parece feroz y entrenado para la guerra. Interrumpir tu narración habitual para entrar al mundo de la fantasía es una buena manera de ser un guionista más versátil sin tener que andar jugando con el presente y el pasado.
EL PODER DEL RECUERDO

¡No hacer flashbacks no significa que no puedas introducir recuerdos! De hecho, una de las manifestaciones más fuertes de los recuerdos se narra manteniendo el tiempo presente. Se trata de cuando los recuerdos irrumpen, como fantasmas, y se aparecen en la realidad. En vez de saltar hacia atrás y mostrar aquella conversación que el protagonista preferiría olvidar, ¡haz aparecer al personaje con quien la tuvo en el living, sin haber envejecido un año, listo para repetir su parlamento otra vez! Nada impide que tu protagonista, hablando solo en la seguridad de su hogar, reviva la discusión que tuvo con su hermano cuando ambos se perdieron escalando una montaña. Hasta puedes entretener al lector mostrando a los personajes subidos primero a un sillón y luego a la mesa. No temas llenar de nieve la biblioteca, los cuadros y el televisor. De pronto suena un teléfono, o llaman al timbre, y ante la interrupción todo desaparece, estamos de nuevo en la realidad. ¡El impacto emocional será mucho mayor que si te hubieras puesto a dibujar la montaña!
Pon en juego estos trucos y verás lo pronto que se te ocurren otros. ¡Las narrativas lineales tienen todavía mucho para dar! Disfruta de todo lo que puedas hacer con ellas.